De repente la risa se hizo llanto, silencioso y blanco como la bruma; de las bocas unidas se hizo espuma, y de las manos dadas se hizo espanto.
De repente la calma se hizo viento que de los ojos apagó la última llama, y de la pasión se hizo el presentimiento y del momento inmóvil se hizo el drama.
De repente, no más que de repente, se volvió triste lo que fuera amante, y solitario lo que fuera contento.
El amigo próximo se hizo distante, la vida se volvió una aventura errante. De repente, no más que de repente.
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